Más
de 110.000 tibetanos viven en el destierro, en 16 países diferentes. Desde que
China les quitó toda autonomía, en 1951, el país que Brad Pitt retrató en
“Siete años en el Tíbet” vive bajo las sombras del régimen opresor de Beijing.
Y cinco millones de tibetanos se aferran a su religión budista con el deseo de
vivir en paz… y jugar al fútbol.
Luego de varios viajes por la India , Nepal y el Tíbet, el entrenador danés Michael Nybrandt
se solidarizó con la causa tibetana y levantando la bandera de la no violencia,
se dedicó a armar una selección en el exilio, fuera de la FIFA , claro. Así fue como en
febrero veinte refugiados tibetanos en la India jugaron dos amistosos en Khatmandú, capital
nepalesa. Empataron uno, perdieron el otro, pero recibieron un mensaje de
salutación del propio Dalai Lama, su líder espiritual. “Hace un par de años que
venía soñando con una selección tibetana. Y soñaba que la dirigía yo. Fue
entonces que comprendí que debía intentarlo”, explicó Nybrandt.
El entrenador contactó al diseñador Christian Stadil, que trabajaba en la empresa de indumentaria deportiva Hummel. Así crearon la camiseta rayada, que comenzó a venderse en tiendas de toda Europa y mandó una señal a la industria de la moda deportiva: la solidaridad no necesariamente tiene que estar alejada del negocio.
El “debut oficial” fué con un partido ante Groenlandia, que es territorio dependiente de Dinamarca y tampoco tiene una selección reconocida. El tema pasó por la negativa de la Unión Danesa de Fútbol (DBU) a la organización del partido en el país, ya que China manifestó su malestar. Lars Behrendt, vocero de la DBU dijo que están “obligados a seguir las reglas de la FIFA” y no pueden autorizar el encuentro, y consideró que “China no aceptará nunca un partido así”. Aclaró que si los dos equipos quieren jugarlo, podrán hacerlo, “pero no será en ningún estadio de los clubes de nuestra federación”.
Como el entusiasmo de tibetanos y groenlandeses es imparable, el partido se hizo bajo los auspicios de la municipalidad de Copenhague, propietaria de algunos estadios.
El técnico espera difundir la lucha del pueblo tibetano y mostrar que es mucho más que monjes rapados, que ellos también pueden jugar el fútbol: “Si la situación política cambia, quizá la FIFA reconozca a la federación que armamos. Porque Hong Kong y Macao, que también están bajo dominio chino, son naciones independientes para el fútbol. Esto mismo debe pasar con el Tíbet”.
Información extraida del blogg del periodista Pablo Aro Geraldes.
En 2003 los directores daneses Rasmus Dinesen y Arnold Krøigaard filmaron un documental sobre ese histórico partido ante Groenlandia, sus preparativos y todo el entorno político y emocional que rodeó al debut. Lo titularon "Forbidden Team", el equipo perdido.
La película entera se puede ver en estos ocho fragmentos subidos aYoutube
En Barcelona, son muchas las instituciones populares que dan soporte a la causa tibetana y la defensa de sus derechos nacionales. En cambio, el coraje de las asociaciones civiles catalanas, choca con la mediocridad y el silencio de los gobernantes públicos. Ni el alcalde sr. Hereu, ni el presidente del gobierno autónomo sr. Montilla, que por una parte mostraron en privado su simpatia por la causa tibetana pero en público se plegaron a las presiones chinas y fueron incapaces de recibir oficilamente al premio Nobel de la Paz y lider espiritual del pueblo tibetano, ss. Dalai Lama, en su reciente visita a Barcelona.
Contrasta tanta
mediocridad gubernamental, con la valentia de Puyol, el gran capitán del FC
Barcelona, que posó con la camiseta de apoyo al Tíbet. (en la foto, posando en
la casa del Tibet de Barcelona junto al lama Tubthen Wangchen)
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